Rita es cubana, tiene 72 años, cree que la mujer tiene que ''tratar de gustar', y acude al restaurante del amor en busca de alguien que comprenda su cultura porque asegura que la diferencia cultural ha sido, en muchas ocasiones, el motivo del fin de sus relaciones. Cenará con Rafael, un chófer jubilado de 70 años, al que nada más ver Rita ha exclamado: ''Ay, qué bajito''.