Una supuesta reunión de trabajo llevó en mayo de 2014 al empresario José Luis Vázquez Escarpa al polígono San Gil de la localidad toledana de Illescas, donde fue secuestrado. Cuando la familia efectuó el pago del rescate, Vázquez no regresó. La investigación tomó un nuevo rumbo cuando los agentes descubrieron que tras el suceso había una organización criminal perfectamente estructurada.