Una residencia de ancianos acaba de ser clausurada en Málaga debido, entre otras cosas, al mal estado en el que se encontraba. Barandillas rotas, colchones llenos de orín, suelos hundidos y habitaciones llenas de excrementos, así es como se encontraba el edificio. Pero no solo eso, la residencia no tenía licencia de apertura y los gestores, además, deben 84.000 euros a la propietaria del inmueble.