Juan tiene una joyería y no le va nada mal. Jesica, su mujer, reconoce que las joyas le gustan, aunque no tiene obsesión por ellas. Lo que no le gusta nada y ha confesado en el programa es que a veces Juan mete mano a su joyero para vender las mismas joyas que él le ha regalado. En el programa, Jesica se encuentra con una nueva sorpresa.