En el asesinato de Isabel Carrasco, a manos de Montserrat González tras ser inducida por su hija Triana, hubo una tercera persona implicada que se encargó de ocultar el arma homicida. Se trataba de la policía local, Raquel Gago, quien, a pesar de entregar el arma treinta horas después y declarar ante el juez como testigo, acabaría saliendo del juzgado como investigada y, posteriormente, detenida.