Kathy Boudin fue una de los miembros de la organización de los meteorólogos asesinos. Participó en atentados en edificios gubernamentales como rechazo a la política exterior y al racismo de Estados Unidos y asaltó un furgón blindado en el que fueron asesinados dos agentes de Policía y un guardia de seguridad.
Durante años, el nombre de Kathy Boudin estuvo ligado a uno de los episodios más violentos del activismo radical en Estados Unidos. Su historia, marcada por la militancia política, la clandestinidad y la violencia, es un claro ejemplo y reflejo de la etapa convulsa que se vivió durante los años sesenta y setenta en Estados Unidos.
La guerra de Vietnam, las desigualdades raciales y las protestas estudiantiles en diferentes ciudades estadounidenses alimentaron el surgimiento de movimientos cada vez más radicales. Este contexto fue el que dio pie a la organización radical Weather Underground, también conocida como los meteorólogos asesinos, un grupo que evolucionó desde el activismo universitario hacia la lucha clandestina.
En un primer momento realizaron acciones pacifistas con las que protestaban contra las políticas internacionales del país. Sin embargo, con el paso del tiempo optaron por priorizar los métodos violentos y apostar por los atentados con explosivos contra edificios gubernamentales. Para entonces, ya no se trataba de jóvenes idealistas, sino de militantes dispuestos a utilizar el miedo como herramienta política.
El 6 de marzo de 1970, un suceso cambió el rumbo de la organización. En un apartamento neoyorquino en el que varios miembros de la organización criminal preparaban explosivos, una detonación accidental provocó el derrumbe del edificio. El estallido alertó a la Policía y a los servicios de emergencia, que acudieron rápidamente al lugar. Entre los escombros encontraron decenas de cartuchos de dinamita, bombas ya ensambladas, detonadores y distintos dispositivos preparados para la destrucción.
Tres integrantes del grupo murieron en la explosión. Sin embargo, no todos estaban dentro en el momento del estallido. Kathy Boudin y otra militante, Cathlyn Wilkerson, lograron sobrevivir y huir. A partir de ese momento, pasaron a la clandestinidad. Aprovechando las incógnitas que había tras esta explosión, Kathy vivió oculta durante años cambiando de identidad y evitando cualquier contacto que pudiera delatar su paradero. Mientras tanto, el FBI intensificaba su búsqueda y trataba de dar con ella.
Fue el 20 de octubre de 1981, cuando Kathy Boudin protagonizó un brutal atraco que acabó con la vida de tres agentes y su detención. Ese día, dos guardias de seguridad salían de un centro comercial con un furgón blindado. Apenas habían recorrido unos metros cuando fueron atacados. Desde un vehículo, fueron acribillados a tiros. Uno de los guardias murió en el acto. El otro no tuvo tiempo de reaccionar. Los asaltantes se hicieron con un botín que superaba el millón y medio de dólares. Kathy Boudin conducía uno de los coches implicados en la fuga.
Tras recibir la llamada en la que se denunciaba el tiroteo, los agentes comenzaron una persecución en la que consiguieron detener el coche que conducía Kathy Boudin. Cuando los policías le dieron el alto, Boudin salió con las manos en alto prometiendo que era inocente. Su actitud hizo dudar incluso hasta a los policías. Mientras los agentes bajaban la guardia, se desató otro tiroteo en el que el oficial Waverly Brown fue asesinado a quemarropa. Otro agente, el sargento Edward O'Grady, también murió como consecuencia de los disparos.
Tras el tiroteo, Boudin fue arrestada. Para las autoridades, su captura supuso un logro importante ya que llevaban más de una década siguiéndole la pista. En un primer momento, continuó defendiendo su inocencia. Sin embargo, las pruebas y los testimonios la colocaban en el centro de la operación.
Durante su estancia en prisión preventiva, Kathy Boudin optó por distanciarse de la organización y, con el paso del tiempo, terminó reconociendo su implicación en los hechos, hasta el punto de llegar a un acuerdo con la Fiscalía. Ese pacto le permitió evitar la cadena perpetua, para acabar siendo sentenciada a 23 años de prisión.
Dentro de la cárcel, Boudin organizó programas educativos para otras reclusas, trabajó con madres encarceladas y desarrolló iniciativas de alfabetización. Se convirtió así en defensora de los derechos de los presos desde dentro.
En 2003, tras cumplir su condena, Kathy Boudin obtuvo la libertad condicional a los 63 años. Lejos de desaparecer del foco público, abrió una nueva etapa. Mostró arrepentimiento por sus actos y trató de orientar su vida hacia actividades de carácter social. En 2008 comenzó a trabajar como profesora en la Universidad de Columbia. En 2015, Boudin fue diagnosticada de cáncer de mama con metástasis y en 2022 falleció a los 78 años, en Nueva York.