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NY Killers

NY Killers05 julio 2026

Joel Rifkin, el jardinero que pasó cuatro años matando mujeres en Nueva York sin que nadie lo sospechara

Una investigación que comenzó con una cabeza decapitada en un campo de golf
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Joel Rifkin era un jardinero aparentemente discreto que, en realidad, ostentaba una de las trayectorias criminales más largas y perturbadoras de la historia de Estados Unidos. En menos de cinco años, este jardinero neoyorquino violó, asesinó y descuartizó a, al menos, 17 mujeres, muchas de ellas trabajadoras sexuales, cuyos cuerpos fueron abandonados en distintos puntos de la ciudad y sus alrededores.

El 5 de marzo de 1989, dos hombres que jugaban al golf en Nueva Jersey encontraron una cabeza decapitada de mujer en el hoyo siete. No sabían que aquello era el primer eslabón de una cadena de 17 crímenes que tardaría cuatro años en resolverse.

Pocos minutos después del descubrimiento, el lugar ya se había llenado de agentes de Policía. El rostro estaba desfigurado y sin dentadura, lo que dificultaba enormemente su identificación. Los análisis preliminares revelaron que podría tratarse de una joven de unos 25 años aproximadamente. Ante la falta de pruebas, los expertos se esmeraron en realizar bocetos del rostro de la víctima, pero las herramientas del momento eran bastante rudimentarias y la reconstrucción facial no fue fácil.

El caso no avanzó lo suficiente, y no tardó en enfriarse. Durante un tiempo, los investigadores llegaron a pensar que podía tratarse de un crimen relacionado con la mafia. La idea de que fuera obra de un asesino en serie todavía no era aún una opción.

Ocho meses después, un ciudadano encontró en un arroyo del condado de Morris, situado a 128 kilómetros del campo de golf, dos piernas amputadas. Tras analizarlas, los forenses confirmaron a través de las pruebas de ADN que la huella genética de las piernas coincidía con la de la cabeza encontrada meses atrás. En ese momento, las comisarías no estaban conectadas entre sí y los agentes no compartían datos de sus investigaciones. Esta falta de colaboración entre las fuerzas del orden impedía que fluyese la información y se vinculase delitos con patrones similares. 

Con el paso de los años, comenzaron a aparecer más cuerpos. En 1991, los bomberos encontraron el cadáver de una mujer en avanzado estado de descomposición flotando en el agua. Poco después, un pescador descubrió otro cuerpo dentro de un bidón. En los meses siguientes, se confirmaron varios casos que coincidían con los anteriores. Algunas víctimas pudieron ser identificadas: Lorraine Orvieto, de 28 años, y Mary Anne Holloman, de 39. Todas compartían características: eran mujeres jóvenes, muchas con problemas de drogas y vinculadas a la prostitución. 

 Lorraine Orvieto y Mary Anne Holloman, dos de las víctimas a manos de Joel Rifkin
Lorraine Orvieto y Mary Anne Holloman, dos de las víctimas a manos de Joel Rifkin

La matrícula que no estaba y el cadáver en el maletero

El caso dio un giro radical cuando un coche patrulla detectó una camioneta sin matrícula circulando por una carretera de Nueva York. Los agentes intentaron detenerla, pero el conductor aceleró y se dio a la fuga. En plena huida, su conductor perdió el control y se estrelló contra un poste de luz. Tras asistir al conductor, los agentes detectaron un olor nauseabundo que provenía de la camioneta. Al abrir el maletero, los policías encontraron el cadáver de una mujer en avanzado estado de descomposición.

El dueño de esa camioneta era Joel Rifkin, un jardinero neoyorquino a simple vista inofensivo. El detenido no mostró arrepentimiento ni sorpresa en ningún momento. Le interrogaron sobre el cadáver que llevaba en la camioneta y él, sin el más mínimo sobresalto, confesó que se trataba de una prostituta que recogió en Manhattan hacía una semana. Según contó, tras mantener relaciones sexuales, la mató

La detención de Joel Rifkin
La detención de Joel Rifkin

Pero lo más impactante llegó después. Sin que los agentes se lo pidieran, comenzó a enumerar a otras mujeres a las que había asesinado en los últimos años. Entre ellas estaban Julie Blackburn, Barbara Jacobs o Mary Anne DeLuca. Algunas de ellas llevaban años desaparecidas y sus cuerpos no habían sido identificados hasta ese momento. 

Las confesiones de Joel Rifkin permitieron a los agentes reconstruir su modus operandi: solía contactar con sus víctimas en la calle, las llevaba a su casa y, tras mantener relaciones sexuales, las asesinaba. En muchos casos, las golpeaba y estrangulaba. Después, desmembraba los cuerpos y los abandonaba en distintos puntos de la ciudad o en zonas cercanas. 

Fue después de inspeccionar la vivienda, cuando los agentes quedaron completamente asombrados. Y es que, tras matar a sus víctimas, Joel Rifkin guardaba objetos personales como recuerdo: joyas, ropa, bolsos e incluso fotografías. También hallaron herramientas manchadas de sangre, entre ellas una motosierra.

El caso que tardó 24 años en cerrarse

Gracias a su confesión, la policía logró identificar a, al menos, 14 víctimas. Sin embargo, Rifkin aseguró haber matado a 17 mujeres. Algunas de ellas nunca pudieron ser identificadas.

Joel Rifkin, el jardinero que pasó cuatro años matando mujeres en Nueva York sin que nadie lo sospechara
Joel Rifkin, el jardinero que pasó cuatro años matando mujeres en Nueva York sin que nadie lo sospechara

En 2013, los avances en el ADN permitieron identificar a la mujer cuya cabeza había sido hallada en el campo de golf en 1989. Se trataba de Heidi Balch, de 25 años. Según explicó el mismo Joel Rifkin, tras recogerla en su coche discutieron por el consumo de drogas de la joven. Después la mató y trató de evitar su identificación descuartizando el cuerpo, arrancando su dentadura y eliminando sus huellas.

Finalmente, la suma de las condenas de Joel Rifkin alcanzó los 203 años de prisión. Durante los juicios, la actitud fría y distante de Joel Rifkin llamó especialmente la atención. Mientras los familiares de las víctimas escuchaban los detalles de los asesinatos, él permanecía impasible. Actualmente Rifkin continúa en prisión, y todo apunta a que pasará el resto de su vida entre rejas.