Llevaba una vida normal y tenía su oficina en la Quinta Avenida, con una cómoda casa en las afueras de Long Island. Durante 15 años, nadie supo que Rex Heuermann era también el hombre que estrangulaba a mujeres, desmembraba sus cuerpos y los abandonaba en la maleza costera a pocos kilómetros de su hogar. Estamos ante uno de los casos más perturbadores de la historia criminal reciente de Nueva York.
El asesino de Gilgo Beach es un caso que se cerró judicialmente el pasado 8 de abril de 2026 con una confesión que estremeció a los presentes en sala.
La desaparición de una mujer en la playa neoyorquina de Gilgo Beach permitió localizar hasta 10 cadáveres a lo largo de la costa. Era 2010, y la policía del condado de Suffolk buscaba a Shannan Gilbert cuando, entre la maleza de Ocean Parkway, empezaron a aparecer restos humanos que nadie había visto hasta entonces. Se trataba de los restos de seis mujeres, Melissa Barthelemy, Maureen Brainard-Barnes, Amber Lynn Costello, Valerie Mack, Jessica Taylor y Megan Waterman, que fueron hallados entre la vegetación junto a Ocean Parkway, en las cercanías de Gilgo Beach.
Los restos de Sandra Costilla aparecieron a más de 100 kilómetros, en los Hamptons, mientras que los de Karen Vergata fueron localizados en Fire Island en 1996 y cerca de Gilgo Beach en 2011. Algunas víctimas estaban descuartizadas. Otras, enterradas en distintos puntos con la aparente intención de dificultar su identificación. La Policía sospechaba que la zona se había convertido en el 'cementerio privado' de un asesino en serie.
Durante años, el caso no avanzó. La investigación avanzó cuando la Policía hizo público un detalle que había mantenido en secreto: el asesino había utilizado un cinturón de cuero negro para atar a una de las víctimas. En él aparecían grabadas las letras 'WH'. Esta evidencia no condujo directamente al sospechoso, pero sí confirmó que había un patrón y un método.
No fue hasta 2022 cuando los detectives centraron su atención en Heuermann tras descubrir que era el propietario de un vehículo en el que se había visto a una de las víctimas. La tecnología hizo el resto cuando un equipo de vigilancia recuperó restos de pizza desechados por Heuermann en Manhattan, lo que les permitió recuperar trazas de su ADN. Los resultados de su análisis revelaron coincidencias con un cabello masculino hallado en la arpillera utilizada para envolver a una de las víctimas. Tras esta prueba, fue detenido en julio de 2023.
Lo que encontraron en su vivienda de Massapequa Park, Long Island, superó cualquier expectativa. Los detectives inspeccionaron durante más de 12 días la vivienda de Heuermann, donde hallaron una cámara subterránea con 279 armas y, en su ordenador encontraron, lo que describieron como un "plan" de los crímenes, incluyendo listas de verificación para reducir el ruido, limpiar los cuerpos y eliminar pruebas.
La fiscalía detalló que los investigadores analizaron registros de teléfonos desechables usados por Heuermann, revisaron pruebas de ADN recuperadas de los cuerpos y examinaron su historial de búsquedas en internet, donde se evidenció interés por pornografía violenta y por la investigación en curso sobre los crímenes de Gilgo Beach. La policía estableció que el acusado se había comunicado con algunas de las víctimas poco antes de su desaparición.
El 8 de abril de 2026, Rex Heuermann se presentó ante el Tribunal del Condado de Suffolk en Riverhead. Se declaró culpable del asesinato de siete mujeres y admitió haber matado a una octava víctima, en una serie de crímenes que permanecieron sin resolver durante mucho tiempo. Presentó su declaración de culpabilidad en una sala abarrotada de periodistas, policías y familiares de las víctimas; algunos de estos últimos rompieron a llorar mientras él detallaba sus crímenes ante el tribunal.
Cuando el juez le preguntó cómo había matado a cada mujer, Heuermann respondió con una sola palabra: "Estrangulamiento." Durante la audiencia, el acusado mantuvo una actitud distante y poco expresiva, evitando cualquier contacto visual con el público presente.
Admitió que estranguló a las ocho víctimas y que desmembró a algunas de ellas. Explicó que utilizaba teléfonos desechables para contactarlas y que envolvía los cuerpos en arpillera antes de abandonarlos. Las declaraciones de culpabilidad de Heuermann, referidas a tres cargos de asesinato en primer grado y cuatro de asesinato intencional, ponen punto final a una investigación de 15 años.
Heuermann confesó a su exesposa, mientras estaba en prisión, que había matado a la mayoría de sus víctimas en el sótano de la deteriorada casa familiar. Le dijo que las ocho mujeres que admitió haber matado eran sus únicas víctimas, y que siete de ellas fueron asesinadas en el sótano mientras ella estaba fuera.
Su exesposa, Asa Ellerup, y su hija Victoria estuvieron presentes en la audiencia. Ellerup expresó: "Mis pensamientos y oraciones están con las víctimas y sus familias. Su pérdida es inconmensurable y la atención debe centrarse en ellas en este momento." El abogado de Ellerup aseguró que ni ella ni su hija tenían conocimiento alguno de los crímenes.
Con todo esto, es seguro que Rex Heuermann será condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. La audiencia de sentencia está programada para el 17 de junio. Como parte del acuerdo, Heuermann se comprometió a colaborar plenamente con la unidad de análisis de conducta del FBI.