Un trabajo a contrarreloj comenzó el 7 de mayo de 2014 para la Unidad Operativa de la Policía Judicial de Toledo. La vida del empresario José Luis Vázquez Escarpa estaba en juego. Este llegó a su cita con la muerte en el polígono San Gil de Illescas (Toledo) a las 10.08 minutos de la mañana. Allí lo esperaba el ultrasur Óscar del Pino y uno de sus hombres, Óscar López Quintas, vestidos con monos de trabajo y gorras. Nada más llegar lo golpearon, lo metieron en una furgoneta blanca y a partir de ahí no se le volvió a ver más. Un suceso que conmocionó a España y del que se hace eco ‘En Guardia’ en esta tercera temporada.
Este empresario que se dedicaba a la compraventa de chatarra poco se podía imaginar que en vez de cerrar un trato en la calle Cadmio del polígono industrial San Gil iba a ser abordado e introducido por la fuerza en una furgoneta por una banda criminal.
Sus secuestradores le exigieron 80.000 euros y José Luis Vázquez Escarpa sobrevivió el tiempo justo para hacer las llamadas en las que consiguió el dinero que le pedían. Pidió a su padre que retirara esa cantidad del banco y la entregara a la empresa RGH, de la que era cliente habitual, en el polígono Los Ángeles de Getafe. Sin embargo, ese rescate no sirvió para salvarle la vida: la banda acabó asesinándolo y se deshizo del cuerpo arrojándolo al río Tajo.
Una compleja labor tuvo que llevar a cabo la Guardia Civil para reconstruir lo sucedido. José Luis Vázquez Escarpa no tenía enemigos, pero sí “manejaba dinero” aunque era un hombre “austero”, “sano” y “noble”. El hecho de que le fuera bien en su negocio y fuera una víctima accesible es lo que llamó la atención a la organización criminal implicada en su secuestro y desaparición.
A través del visionado de las cámaras de seguridad y del testimonio de los dueños de la empresa donde se entregó el dinero, los agentes pudieron tirar de un hilo. Tenían la imagen de un coche que estuvo siguiendo a la furgoneta blanca en el polígono y también la descripción de un primer sospechoso. Lo que no imaginaban es que tendrían que esperar un año después de la desaparición del empresario para ir conociendo a todos los que urdieron este plan de secuestro y extorsión.
Después de observar e interrogar a un sospechoso, surgió el primer nombre: Mario Belvís, mano derecha del líder de la banda, que hacía de chófer y de chico para todo. A partir de vigilarle las 24 horas y la intervención de sus comunicaciones se dieron cuenta de que pertenecía a una organización criminal, jerarquizada, compuesta por 10 personas y con un líder vinculado a los Ultrasur: Óscar del Pino.
"Uno de los criminales más sádicos a los que yo me he enfrentado", cuenta uno de los agentes a ‘En Guardia’ tras conocer los antecedentes y su red de contactos. A partir del cabecilla van saliendo más nombres como Antonio del Val, Beatriz García, secretaria de la empresa RGH, que busca a José Luis Vázquez Escarpa como víctima fácil. "Lo sabían todo. Era una industria del crimen", advierten tras las investigaciones.
Sin embargo, el cercar su círculo e ir presionándolos hizo que cometieran errores. Y una llamada entre Óscar del Pino y Mario Belvís sobre cómo planeaban un secuestro y lo que harían después con el empresario es lo que precipitó las detenciones simultáneas.
Hablaron de meterle en un caserón y torturarle para sacarle todo el dinero posible. Después le matarían. Todo aquello fue suficiente para que las detenciones simultáneas se produjeran el 15 de octubre del 2017. Tres años y cuatro meses después del secuestro de José Luis Vázquez Escarpa.
Las conversaciones interceptadas no solo revelaron su sadismo, sino también otro golpe que estaban planeando dar. Otra víctima a la que hacer desaparecer después de sacarle todo el dinero posible.
El juicio se celebró en diciembre de 2018 en la Audiencia Provincial de Toledo, con nueve personas sentadas en el banquillo como autores y cómplices de delitos de secuestro, receptación, encubrimiento, falsedad documental y a su líder por homicidio desde videoconferencia por el peligro que conllevaba el sacarle del control de la prisión. La vista se resolvió mediante un acuerdo de conformidad.
Todos los procesados reconocieron su participación y aceptaron las penas pactadas con la Fiscalía y las acusaciones. Óscar del Pino, autor material del disparo que acabó con la vida del empresario, aceptó una condena de diez años y seis meses de prisión como responsable del secuestro y el homicidio. El resto de implicados recibió penas notablemente menores, que iban desde meses de cárcel por encubrimiento hasta años de prisión por su papel en el rapto.
Un desenlace judicial amargo y la espina que se quedó de nunca encontrar el cuerpo del empresario para darle eterno descanso.