La prisionera Christa Pike, condenada a muerte en el estado de Tennessee, Estados Unidos, por un asesinato cometido en 1995, ha sobrevivido a los dos inyecciones letales que le suministraron para llevar a cabo su ejecución. Según sus abogados, las dificultades - previamente notificadas - para llegar hasta sus venas, que estaban "reventadas", provocaron que perdiera el conocimiento.