Fue la peor tormenta de nieve desatada en los Pirineos, diez montañeros salieron aquel día a la montaña convencidos de que sería una excursión más, una jornada de disfrute en un entorno que conocían bien. El cielo estaba despejado, el paisaje ofrecía una de esas estampas limpias y silenciosas del invierno. Nada hacía presagiar lo que estaba a punto de ocurrir.