Todo ocurría en la localidad de Águilas, en Murcia. Un hombre se cuela en un cementerio de madrugada, revienta la puerta del panteón familiar, abre la tumba donde está el cadáver de su hermano, le decapita y después se pasea con su cabeza por las calles del pueblo. Acto seguido llama a su madre y le cuenta lo que ha hecho, incluso se apunta que podría haberle enviado una foto.